lunes, 11 de octubre de 2021

Temor eclipsante

Temo. Temo al rechazo. Pero también a perder una oportunidad. Quiero decirle que me encanta. Pero tengo miedo de que las cosas salgan mal, y convertir una amistad en algo más bien incómodo. 
Y no quiero que llegue otra, que me "gane". Lo quiero para mí. Si tan sólo pudiera saber de antemano el resultado. 
Estoy un tanto cansada de este ciclo que se repite, una y otra vez. Un ciclo donde me gusta alguien, y antes de llegar a intentar lo que sea, la persona ya conoce a alguien más y "pierdo" la "oportunidad". Nótense las comillas, porque es todo hipotético. 
Me consume un deseo intenso, un fuego, una pasión. Pero al mismo tiempo, un miedo, más grande aún, los envuelve y bloquea. Los eclipsa. Y paso entonces a estar consumida por una depresión, producto de mis conclusiones precipitadas.
No sé cómo avanzar. No sé si deba. El temor y la incertidumbre son rivales fuertísimos. El bajo autoestima les toma de la mano. Se unen y me hunden, y me duele en el alma.
¿Estoy enamorada? ¿Siquiera es posible saber si lo estoy, sin reciprocidad alguna? Podría tratarse de un amor platónico, aunque realmente de eso no entiendo mucho.
Por el momento, sé bien que estoy dolida. Esta tarde en lugar de poder concentrarme y estudiar, inventé una melodía en la guitarra, y canté un poco, mientras lloraba. Por lo que no tengo. Por lo que no sé si pueda tener. Por él. 
Después de más llanto con música triste, me dormí. Fue una siesta de, fácil, tres horas. Si bien me había dormido tarde en la pijamada, y, de hecho, apenas descansé ahí, creo que la tristeza que sentía me hizo dormir más profundamente de lo normal para mí.
Hubiese querido estudiar botánica, y no perder el tiempo así. Pero no podía dejar de pensar en él, y autocompadecerme.

lunes, 4 de octubre de 2021

No sé

No sé si estoy bien con la muy posible separación de mis padres. No sé si quiero que pase. No sé si importa lo que yo quiera. No sé cómo me siento o qué me pasa con todo esto realmente, ni si quiero averiguarlo. No sé si importa.
Esto pasa mínimo una vez por año, cada año. Hace más de diez años. Y siempre duele. Algunas veces más que otras, pero siempre duele y por algún motivo me sorprende eso. Porque creo que podría estar acostumbrada, que podría tolerarlo, o ignorarlo, o lo que sea. Pero no puedo.
Me pongo en distintos lugares. Me entristece apartar a mi papá cuando él hiere a mi mamá y se pelean, y yo me quedo más de su lado que otra cosa.
Nunca pude ponerlo en palabras, o quizá alguna vez lo hice, pero me pone mal hacer esto. Esto de dejarlo de lado.
Esta noche creí que estaba mal por sentirme gorda. En un momento sí, me deprimí por eso. 
Pero en realidad están pasando muchas más cosas. Cosas peores, en cierta forma. Más profundas que ese dolor superficial más que nada derivado de influencias mediáticas. Porque si no me hubieran mostrado que "es más atractivo, más lindo ser flaca" y que "ser gorda no está bien, no es lindo" probablemente no me sentiría así. Lo dudo bastante. 
Pero, en fin, no sé en qué va a culminar esto (de la separación). Sólo sé que me tiene mal, y que necesitaba expresarlo en algún lugar.
Yo quisiera poder hacer algo al respecto. Y de hecho, un día, intenté algo. Hice algo así como una manifestación artística, si se quiere. Pegando carteles en casa con palabras y frases de motivación, para que mi papá termine unas cosas que hace rato esperamos. Pero también palabras con valores, para todos, palabras como "amor", "familia", u "hogar". Todas en mayúsculas, en marcador, en hojas borrador pero del lado liso, en distintos lugares de la planta baja de casa. De nada sirvió. Él, el segundo o tercer día después de eso, pegó en la puerta un cartel con las palabras "respeto" y "empatía". Yo no lo podía creer. Después de eso despegué todos los papeles y los tiré a la basura.
Si alguien puede o va a salvar a esta familia, tristemente no creo ser yo.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Cuesta "habitarme"

Es difícil habitar mi cuerpo. Tengo estructuras, estereotipos, cánones de belleza, como gusten llamarlos, metidos en la cabeza, y se vuelven personajes en mi mente causando un ruido indeseable. Murmurando, cuando veo mi reflejo, que estoy mal. Que tengo que cambiar y volver a ser como era antes, porque así como estoy no merezco nada placentero. Que no puedo disfrutar, que tengo que cambiar. Que soy una cosa amorfa. Etcétera.

Son murmullos que duelen, y no sé si puedo decir "me hacen más fuerte", pero a veces intento forzar a que así sea. Para no desvanecerme y seguir adelante, usando lo que dicen esos personajes como objeto de motivación, como empuje, como un trigger, así llego a la meta. 

domingo, 29 de agosto de 2021

En la búsqueda

Están por hacerse las 4 de la mañana. Espero terminar con este esbozo de idea antes de que eso pase.
El asunto es que quisiera dejar plasmado que me gustaría... encontrarme. ¿Encontrarme? Sí, me parece que sí. Que es esa la palabra. Encontrarme, o conocerme, algo así. 
Estos últimos días o semanas no han sido fáciles: aparte de la rutina, mi mente ha estado vacilando entre pensamientos, a mi parecer, contraproducentes. Y, por ser así, los estuve bloqueando, o intentando bloquear. Pero ayer lloré, y bastante. Porque estuve sola y los pude dejar salir del encierro de mi cabeza más el silenciador que les ponía.
Entonces, ahora creo que necesito más que nada poder darle un sentido a esas ideas dañinas, ya que ya pude ponerles voz, y hacer algo al respecto. Y ese algo, bueno, quiero encontrarlo.
Próximamente voy a escribir sobre cómo estoy intentando lograr esto.

miércoles, 28 de abril de 2021

Sorpresas, decepciones, y decisiones: los desconocidos no identificados

Es increíble cómo alguien que uno «conoce» hace muchos años, demuestra no conocernos en lo más absoluto. Uno quisiera pensar que el tiempo enseña. Pero, a veces, en menos tiempo, en días o semanas, aprendemos mucho más que en décadas enteras. Quizá se trate de qué tan «descifrable» sea una persona, o de qué tan real se demuestren con uno. Realmente no sé qué sea. Pero si hay algo que puedo dar como cierto, es que lastima.

Lastima, y no sé qué parte lastima exactamente o cuál lo hace más, pero lo hace. No sé si es el tiempo perdido, o ese tiempo en sí, mientras lo vivimos. Creo que ambos. Vendría a ser algo como que, en el futuro, una vez que ya pasó, nos afecta pensar en cuánto tiempo perdimos junto a esa o esas personas que jamás nos conocieron bien; pero antes de eso, sufrimos los problemas que trae consigo el pasar ratos con estos «desconocidos no identificados».

Ellos no nos conocen. Pero, ¿y nosotros? ¿los conocemos a ellos? Probablemente tampoco. Y es que, creo que de haberlo hecho, el tiempo podría haber sido mucho más acotado. A menos que seamos... ¿masoquistas? No lo sé. Cada caso ha de ser distinto. Cada quien tendrá sus razones y las vivencias han de ser todas diferentes. 

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Por eso es tan difícil llegar a una verdad absoluta, tanto en esto como en muchas otras cosas. Sobre todo en temas humanos, me parece. Porque luego no es tan difícil aceptar que 2+2=4, o que el agua hierve a 100ºC. Pero establecer afirmaciones respecto a tópicos relacionados con las personas es complicado. Sobre todo si se busca ser imparcial. 

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Ahora, vamos al tema de las decisiones. La decisión  a la que me quiero referir es la de alejarse de los «desconocidos no identificados». ¿Por qué buscaríamos esto? y, ¿cómo lo lograríamos? En respuesta al primer interrogante, por si no se hace obvio, diría que la razón está en ese daño mencionado al principio. No tiene mucho sentido gastar más tiempo estando con ellos. Esto en el específico caso de que esta o estas relaciones sean considerablemente largas, porque, si recién empiezan, la reflexión es diferente (no se pretende que dos personas se conozcan en un período muy corto). Luego, para contestar la segunda pregunta, esto sí ya abre un gran paraguas de posibilidades, dadas las diversas situaciones con las que nos podemos encontrar. Pero aun así, intentaría buscar una respuesta general. Creo que no sugiero hacerlo de manera gradual, ya que esto podría llevar a enredos varios y hasta arrepentimientos. Tal vez la mejor manera sea terminar la relación de raíz. 

El razonamiento para aquello último es el siguiente: si la persona no nos conoce, va a tomar cualquier accionar nuestro como normal. Es decir, tenemos la posibilidad de que no cuestione nuestro alejamiento, y poder hacerlo sin tener que dar demasiadas explicaciones. Porque, a fin de cuentas —y añado esto con la intención de aliviar al lector preocupado por no dar motivos a su o sus «desconocidos no identificados»— las explicaciones ya nos las dimos a nosotros mismos, en nuestras cabezas, tras mucho tiempo de padecer el desconocimiento de otro, que derivó en repetidas situaciones indeseables. Entonces, dada esta situación hipotética, podremos acabar con esto más pronto que tarde, y seguir adelante. 

¿Miraremos hacia atrás, preguntándonos si tomamos la decisión correcta? Muy probablemente. Aunque depende de la seguridad y determinación de cada persona, y de la «gravedad» de cada situación. Pero aún así, con el pasar del tiempo, es posible (espero) que nos inclinemos a sentir que a partir de ello, empieza a predominar la tranquilidad en nuestras vidas. Reafirmando que hicimos lo más conveniente. Y no sólo para nosotros mismos, sino para la o las otras personas que alejamos —de nosotros— Ya que, es válido imaginar que para ellos tampoco fue muy agradable pasar tiempo con su relativo «desconocido no identificado».

miércoles, 3 de marzo de 2021

La del espejo

 "¿Quién es esa, la del espejo?"

"Es... yo.

No sé si tengo ganas de hablar de ella. Estoy decepcionada. No es quien pensé que sería. No cumplió ni está cumpliendo con mis expectativas. Más que nada lo segundo, porque quiero creer que en algún momento sí cumplió con mis expectativas... Aunque mientras más intento recordar, mientras más busco en mi memoria, a ver si esto es cierto, menos posible se me hace."

"Es terrible esto que decís."

"Ya lo sé, no te creas que no. "

lunes, 1 de marzo de 2021

"Algo tengo que decir" no es lo mismo que "tengo que decir algo"

 Esta es una frase que leí o escuché hace mucho. No me acuerdo si era exactamente así, pero transmitía lo mismo, creo.

Lo que sí me acuerdo bien es que me dejó pensando un montón, porque me había quedado leyéndola una y otra vez, sin encontrarle el sentido.

El tema es que, si digo "algo tengo que decir", ese "algo" no tiene tanta importancia como el "algo" que está en "tengo que decir algo".

Y ya está, problema resuelto.

No, un momento. Publiqué la entrada pero ahora me dí cuenta de algo más.

También está la variante "tengo algo que decir". Y me parece que en esa es donde el "algo" tiene mayor importancia. Porque en "tengo que decir algo" yo siento que se transmite algo parecido al "algo tengo que decir". Pero en la que menciono al principio de este párrafo, no pasa eso.

Y ya está, no hay más variantes.